Dice un proverbio árabe: “Todo es puro a los ojos del que es puro.” Traducido a jerga laica, sólo el que esté libre de prejuicios podrá ver las cosas tal como son, sin sufrir su propio engaño. Sabiduría popular universal.
El leit motiv de un profesor de latín que padecí en el instituto era esta versión libre, una oportuna degeneración de lo anterior: “Nada es puro para el que no es puro”. Así lo sometía a una cómoda, nacionalcatólica, inversión, y obtenía una ancestral glorificación del prejuicio.
23 de julio de 2008
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1 comentarios:
La sombra del lapicero.
Aprendemos a escribir como ciegos. No sin esfuerzo, memorizamos los movimientos de la mano y estos acaban por convertirse en un automatismo. El dibujo nos aparta de este programa de la ceguera. Como cuando escribimos delante de un monitor, podemos trabajar a oscuras en una oscuridad similar a la que nos ha acompañado desde las cavernas porque el dibujo irradiará la luz necesaria en cada trazo. En los escritos de los griegos antiguos puede leerse que hay una luz previa interior en el ojo, que si cerramos los ojos podemos ver esas luces que contienen.
El recorrido de los dibujos comienza y termina en el ojo. Debería seguirse esta derrota del dibujo, bien actuando como eje de una tijera que une o separa los extremos, sin dejar nada en medio, salvo una falla; bien situando en un compás abierto, cuyos extremos coinciden con los del itinerario, los puntos desde donde recorrerlo.
La necesidad de movimiento continuo desde y hacia el dibujo nos sugiere una identificación con el pensamiento, con el proceso en que el pensamiento se crea y se expresa, conociéndose en ello, formulándose. La palabra revelada, eterna, niega el hecho humano de la palabra que necesariamente se inventa autodestruyéndose.
Todos los errores y pentimientos aparecen como verdaderas alternativas que podrían haberse invocado en los dibujos: Tan verdaderos y ciertos como lo que se interpreta como capa superior o definitiva del palimpsesto a la que vemos subordinada todas las otras, que aparecen como sombras o deshilachamientos de ella. Toda huella determina la forma en que se depositan las siguientes, no puede decirse que haya dejado de imprimir su marca. Puede que la consistencia de la hoja de papel sea similar a la de la arena y que el medio donde transitamos al dibujar sea cambiante.
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