15 de julio de 2008

Novedad

Un artista frustrado abandona en la calle un cuadro matérico informalista infumable que había titulado “Óleo seco sobre contrachapado con orín de perro”. (Aunque no puede resistir la tentación de vigilar desde su ventana qué pasa). Al cabo de muchas horas, lo recoge un trapero, que lo usa para tapar un agujero en la pared de su cabaña. Casualmente en ella acumula también cuadros sustraídos sistemáticamente del almacén de la sucursal local de la Fundación March, y un día la policía le arresta y requisa todo el contenido de la chabola, incluyendo el cuadro de nuestro héroe y entrega el lote completo a sus legítimos. A partir de aquí se ramifican los finales posibles: (a) Un becario se da cuenta de la existencia de un cuadro que no debería existir, lo que causa su destrucción (del cuadro); fin de la historia. (b) El becario se da cuenta de la existencia de un cuadro que es una obra maestra desconocida, lo que causa su encumbramiento (del cuadro). (b.1) El autor al que es atribuido lo ve en una retrospectiva y no nota nada raro. (b.2) El falso autor sí se da cuenta de lo que pasa y (b.2.i) calla para siempre o (b.2.ii) actúa: o bien (b.2.ii.I) destapa el escándalo y termina con la carrera del cuadro, o bien (b.2.ii.II) se acerca al cuadro y lo gira para colocarlo a su gusto, arreciando los aplausos dedicados a tan simpático gesto. Pero la fatalidad quiere que el artista esté presente en el vernissatge para comer croquetas por la cara y reconozca de repente la obra y (b.2.ii.II.A) discuta con el artista por la orientación del cuadro, desencadenándose una pelea con fatal desenlace, o (b.2.ii.II.B) decida callar y se pille una cogorza de campeonato…

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