23 de julio de 2008

Madurez

¿Así que era esto con lo que amenazaban? ¿Media hora para ir a la plaza, cuarenta minutos de tren, tres horas de clase, vuelta, supermercado, hora y media para leer, dormir, y vuelta a empezar? Y eso llevando una vida de disidente que no ve jamás la televisión. Con la seguridad de que eso llamado “hora” es para mí, ahora sí, el mismo retal, sea cual sea la actividad a la que lo dedique, una realidad tan llena de segundos como para el resto de la gente. ¿Es esto la muerte? Debe haber algo, al menos la añoranza, las heridas abiertas, que no pueda ser reducido a esta triste ficción.

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