15 de julio de 2008
Láminas
Esos calendarios de pared de taller (o de oficina) que tienen año tras año las mismas imágenes, y sólo los cambios en la tipografía –y algún ocasional jugueteo con la distribución de los elementos- evidencia el esfuerzo por adecuarse al año en curso. O tal vez sea algo involuntario, cosa del Zeitgeist. Las imágenes siempre están al alcance del diseñador de turno, que, sea quien sea, selecciona siempre las mismas, y luego ha de disponer los números y semanas según le sale. He aquí que año tras año diferentes personas en miles de lugares, sin contacto entre sí, rehacen y vuelven a rehacer el mismo calendario de forma absolutamente ingenua, y no hay nadie que se moleste en compararlo con aquel que sustituye.
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